viernes, 12 de octubre de 2012

Los Dioses del mundo Maya ...1


Basados en esculturas, relieves y códices de tradición prehispánica, nuestros expertos han diseñado una “nueva imagen” para diez de los principales dioses del panteón maya. 

Para las civilizaciones antiguas la religión era una forma de relacionar a los hombres con el cosmos y mantener el equilibrio natural. Particularmente para la cultura maya, los dioses eran vistos como energías casi imperceptibles capaces de presentarse en la realidad terrenal en formas tan fantásticas como la imaginación lo permitía: humanoides, animales, plantas y la combinación de ellos. La imagen de muchos de los dioses mayas fue conocida por los antiguos mesoamericanos a través ritos y, a su vez, plasmada en ricas expresiones artísticas, primordialmente en la arquitectura, la pintura y la escultura.

Fue a partir de estas manifestaciones artísticas que hoy se tiene una imagen (aunque a veces no tan certera) de quienes eran aquellos seres habitantes del cielo, la tierra y el inframundo. Fueron templos en zonas arqueológicas, piezas en algunos de los museos más importantes de México y muestras del Códice Dresde, además de documentos y estudios, los que inspiraron estos “nuevos dioses” que nuestros expertos han diseñado.

1. Chaac


Es uno de los dioses más importantes y venerados en la Península de Yucatán. Está relacionado con la lluvia, el relámpago y el agua en general. Se le representa con una larga nariz y colmillos encorvados hacia atrás que salen de su boca así como un tocado en su cabeza de telas y madera. En el arte maya, tanto en la escultura como en la arquitectura, se puede identificar a Chaac por estos atributos. Incluso en algunas zonas arqueológicas de la Península de Yucatán, como Kabah, se pueden encontrar estructuras bellamente decoradas con mascarones de este dios con su peculiar nariz y colmillos.

2. Hunab ku


Es el dios más importante del panteón maya. En él se conjugan las dualidades, es decir, los elementos opuestos como los masculinos y los femeninos por lo que tiene la capacidad de crear. Así dio origen al  universo. Para los mayas es de Hunab Ku de quien procede todo. De él nacen todas las cosas y los seres vivos del universo y a él retornan. Es el todo y la nada a la vez. También era considerado el padre de todos los dioses.  
Dentro de la cosmogonía antigua, Hunab Ku creó tres veces el mundo, siendo la tercera cuando dio vida a los propios mayas. Algunos autores aseveran que su nombre, Hunab Ku, significa “único dador”. De éste, los mayas no tenían representación alguna por creer en él como un dios incorpóreo.

3. Itzamná


También conocido como Itzamnaaj durante el período Clásico. Es el dios del Sol y la sabiduría, señor del cielo, el día y la noche; el que habita en el mundo celestial desde donde rige el cosmos. Algunos estudiosos creían que Itzamnáera el dios supremo creador del universo. Hoy se sabe su importancia en elpanteón maya como uno de los dioses creadores; sin embargo, no es el dios supremo a quien los mayas llamaban Hunab ku, sino su hijo.
A Itzamná se le representó de múltiples formas, principalmente como un anciano. No obstante, dada su facultad omnipresente se le figuraba en el arte maya en formas animales de acuerdo al plano donde se encontraba, es decir, como ave si estaba en un nivel celestial, o como un cocodrilo si era un plano terrestre (como en esta ilustración inspirada del Códice Dresde). Los antiguos mexicanos relacionaban la tierra con los reptiles debido a que la superficie, vista desde algún punto alto, en conjunto con la vegetación y diversas formaciones geológicas como las montañas, tienen gran parecido a la piel de un reptil, sobre todo la de los cocodrilos.
En el Pueblo Mágico de Izamal, Yucatán, se encuentran los restos del templo donde los mayas dedicaban ceremonias a Itzamná. De hecho, el nombre del poblado se deriva del apelativo de este dios.



jueves, 4 de octubre de 2012

21 de Diciembre, la cuenta regresiva


Desde hace un tiempo circula el hecho del fin de una era al finalizar el año 2012. Pero, ¿qué dicen exactamente los mayas? ¿cómo se sabe con tanta precisión que se refiere a una fecha concreta? ¿cuál es su significado y su importancia? Y sobre todo, ¿qué significa para nosotros, para nuestra cultura, para nuestro conocimiento, su mensaje?
Todas son preguntas que nos interesan.
La primera es sobre ellos mismos, los mayas, cuya civilización está plagada de elementos sorprendentes: construyeron imponentes ciudades, hoy muchas de ellas las podemos admirar; fueron los más avanzados de su época en astronomía, consiguieron medir el tiempo, desarrollar un sistema matemático coherente y una compleja escritura jeroglífica, además de una tecnología agrícola avanzada.
Todos estos factores han llevado a miles de personas a estudiar a fondo la cultura maya: la exactitud de sus calendarios, el cálculo preciso de acontecimientos celestes pasados y futuros, unidos a una cosmogonía en la que el tiempo se concibe circularmente, como ciclos que surgen y se destruyen. Sin embargo, el hecho del fin de un ciclo dentro del calendario maya, que coincide con la fecha del 21 de diciembre de 2012, ha causado, en los últimos años, una gran expectación.
El fin de un ciclo, está inscrito en dos piedras grabadas hace más de 1300 años, en el siglo VII d.C. Ambas se han encontrado a poca distancia entre sí, en el estado de Tabasco. Un pequeño ladrillo hallado en Comalcalco y el llamado Monumento 6 de Tortuguero. Su mensaje es breve. Una vez que se cumpla el décimo tercer B’ak’tun, coincidente con el 21 de diciembre de 2012, descenderá del cielo un Dios, conocido como Bolon Yokte’ K’u —o “Señor de la Luz”-, y se completará un ciclo de 5,125 años.

La concepción del tiempo para los mayas era muy diferente de la nuestra. Para ellos el tiempo no era algo abstracto, fue concebido como el cambio cósico producido por el movimiento de un ser sagrado, el Sol, el cual se convirtió en el eje de su cosmovisión. Por el movimiento circular del Sol, que determinaba los cambios en la tierra (día, noche, estaciones…), el tiempo se concibió como movimiento cíclico.
De aquí la importancia de sus calendarios, que además permitían a sus gobernantes poderse legitimar vinculando su vida y actos con complejas narraciones simbólicas, acontecimientos futuros o pasados y dioses y gobernantes nacidos antes.
El sistema calendárico maya se basa en dos cuentas, la larga, cuyo día cero, correspondiente a 13.0.0.0.0. (4 Ajaw 8 Kumk’u), equivale para nosotros con el 13 de agosto de 3114 a.C. (fecha gregoriana). Luego medían a través de unidades como el Bak’tun, que representa alrededor de 400 años. Cada ciclo concluía al cumplirse un Bak’tun, que suman 5200 años mayas o 5125 en el calendario gregoriano. Además tenían el calendario de cuenta corta, que integraba el solar y el ritual y partía del mismo día, pero dada su duración (el primero de 365 días y el otro de 260 días), se desfasaban volviendo a coincidir cada 52 años. Como ruedas dentadas girando, estos ciclos se integraban mecánica y simétricamente dentro del cómputo lineal de la cuenta larga.
Por esta razón, y de acuerdo con el calendario maya, se puede decir que los mayas jamás mencionaron que se vaya a acabar el mundo ni el tiempo, como prueban, por ejemplo, sus textos sobre fechas posteriores a 2012. En el Templo de las Inscripciones de Palenque se mencionan fechas que ocurrirán más de dos mil años después, es decir, en 4772, de acuerdo con los epigrafistas.
De hecho, la única profecía maya de la que se tiene conocimiento, que pasó, por cierto, sin mayor crédito, fue escrita en el Chilam Balam y anunciaba el fin del mundo para el año 1887 d.C. Ahora bien, la aritmética del calendario maya sí constata algo. La terminación del décimo tercer Bak’tun marca el fin de un periodo y el inicio de otro, así hasta completar 20 baktunes que formarán un Pik´tun.
Ésta es la respuesta. El inicio de una nueva era. Lo demás, se puede atribuir a rumores y leyendas acerca del “fin del mundo” en 2012.